domingo, 30 de julio de 2017

Cuadernos de ens /2



http://www.mediafire.com/file/8h6op0m2ihc4cd7/la_belleza_como_esperanza.pdf


Fue para marzo de 2009, como dice la noticia que introduce este segundo Cuaderno.

El escrito se refiere a la belleza -y a la Belleza- y aplica las reflexiones a asuntos escatológicos. Y eso en razón de que fue compuesto para exponerse en unas Quaestiones quodlibetales in spectatione Christi, que se debatieron en esa fecha en Nogoyá, convocadas por el magnánimo y magnífico anfitrión de aquello, que fue Federico Mihura Seeber.







lunes, 24 de julio de 2017

Cuadernos de ens /1


 http://www.mediafire.com/file/pc0asjqcadvvb2v/sobre_la_causa_cristiana_del_anticristo.pdf


Éste es el primero de una serie que lleva nombre simple y obvio: "cuadernos de ens".

Recopilación de escritos que directa o indirectamente, en todo o en parte, han ido apareciendo en esta bitácora y que un servidor ha resuelto (mientras el tiempo dé lugar) ir publicando de este modo, en forma de cuadernos, en cada uno de los cuales hay un escrito o una suma de ellos referidos siempre a un mismo tema que unifica la publicación.

Los Cuadernos están numerados, es verdad. Pero ni es todo lo que en esta bitácora se ha publicado, ni tampoco aparecerán en orden cronológico. Porque no es esto una historia de estas páginas, sino un repaso de asuntos y temas que por alguna razón he pensado que valdría la pena ordenar así.

La simpática benevolencia del lector justifica el trabajo.




viernes, 7 de julio de 2017

Mi último refugio



Al lugar donde has sido feliz, no debieras tratar de volver..., dice Sabina en una canción que recordé hace poco en otra parte.

Y ahora, si quisiera, no podría volver.

Allí fui feliz.

Y no.

Fue mi último refugio.

Una última trepada fallida que le puso fin a mis años de montaña.

Ahora, me dicen que fue quemado casi por completo en estos días.

Por el momento, no me importan los detalles.


Sólo la memoria de aquellos días, de aquellas piedras, del hielo, la laguna.

Y el dolor. Y el fracaso. Aquellos días felices.







Cielo y Tercio




Hay cosas necesarias.


No para el lector, se entiende.

Una mayoría, nutrida y calificada, podrá pasarse sin este volumen, sin mengua alguna para los lectores y sin desdoro para un servidor.


Con todo y eso, aquí queda a disposición.





jueves, 6 de julio de 2017

Himno a tu nombre


Tu nombre es nuevo.

Tuyo solamente,
sólo tuyo y del aire que lo esparce
como un joven relámpago de diamante.


Estremece.

Yo no me atrevo a pronunciarlo y digo,
en lugar de tu nombre,
que hay ángeles y que sus alas cincelan amapolas de luz...

Y me avergüenzo y me retracto.

Y digo, sin decir,
que hay una tibieza recién llegada;
que ha nacido la belleza sin tasa de los cedros;

que ya es la caricia de las aves 
en el silencio vivo y limpio de montañas que te nombran sin decirlo;
o que al fin hay la hierba tibia en las orillas de los ríos:
se mecen, brillan y callan su contento de sol.

Y tu nombre viene, inaugural, con el rumor de malvas
y verdes infinitos, como de una isla verde.

Y ya no digo más: temo que el aire
se me haga tan de luz que quede mudo.

El mundo alrededor,
que fue antiguo de oquedades y fantasmas,

que una vez fue amasado en la ceniza del tedio,
que fue la noche sin oscuridad, como el dolor sin destino,

que una vez y otra vez se hizo a sí mismo,
mosto de agraz de voces arteras y vanas:

de súbito,
el mundo,
se vuelve como tu nombre.


Aparece. Y es nuevo.

Y es verdadero.

Y por primera vez
veo y oigo la felicidad de los que aman los senderos y caminan
y trazan los caminos;

y veo cómo tu nombre hace la felicidad de las flores
y de los bosques que dicen los zorzales,
que te saben y te esperan como una primavera inédita; 

y siento en mis huesos cómo se hunde,
gajo fresco y terrible y poderoso como una doncella guerrera,
en abismos de amor en los que sólo nace la alegría del buen vino
que hace cantar a los hombres que en medio del camino cantan.



Y ahora,
todo es como dice tu nombre nuevo.




miércoles, 5 de julio de 2017

Mocita


Palomita, palomita,
arrullo entre la verbena,
llevame hasta esa lomita
que una mocita me espera.

Lomita de la mocita
de ojos verdes, piel morena,
palomita, palomita,
que ha de ser mi compañera.

Palomita, palomita,
ramitas de yerbabuena
llevale hasta esa lomita
para que siempre me quiera.

Ay, palomita, en el viento
ella ha bordado su amor
con el hilo de una flor
y en la lomita lo siento.




martes, 4 de julio de 2017

Niña de azahar


Celoso porque la espero
y ella florece en azahar,
mi limonero celoso,
celoso porque la quiero,
su fruto no me ha de dar.

Mientras la espero, lo espero
en azahar de enero a enero;
y en azahar he de esperar

a la niña que yo quiero,
que en azahares me ha de dar
los frutos del limonero.




lunes, 3 de julio de 2017

Leteo y Eunoe


Eran tus manos.
O la brisa del mar,
o el fresno acogedor.

Fue la voz
tibiamente concorde,
o el latido sobre mi latido,
o el agua de la fuente.

Tus ojos,
o el remanso de un sauce,
o un ocaso entre lirios,
rumor en la laguna de tu abrazo leve.

En esta margen,
me quedan los silencios,
las horas silenciosas,
el tiempo silencioso,
el silencioso beso.


El silencio.


El silencio. 




Miel de lapachos


I

En su panal, abeja silenciosa,
el corazón destila una miel nueva.
No hay invierno de sombras que conmueva
su primavera en ciernes sigilosa.
Celdas de luz donde la luz subleva
dulzuras del amor, la deliciosa
claridad del amor, la misteriosa
felicidad de miel que el alma lleva.
(Porque en su risa tibia y transparente
me ha destilado el vino del esposo,
mosto de luz que nace en su vertiente.)
En su panal de flores de lapacho,
dorado el corazón va silencioso,
sobrio de sol y de su ardor borracho.


II

Aturdido de cielo y de panales
que trapichan dulzores milagrosos,
huelo la luz dorada en temblorosos
rayos de miel de flores matinales.
Todo es un vilo de aires amorosos,
libo en mis ojos néctares raudales
y en rumores de sol confidenciales
rezumo sus arrullos cadenciosos.
Como un enjambre, el día silba un viento
de aromas musicales renacidos,
ciego de menta y de jazmín hambriento.
Y entre unos cerros, hasta ayer dormidos,
estallo en el fulgor en movimiento
de lapachos que braman de floridos.




Memorial de Romeo


No jurar por la luna.

Por la inconstante.

No jurar por el nombre de las flores,
ni por el ruiseñor
que desgarra la ausencia 

con su queja.

No jurar por el día sin sombras
ni por la noche sin luz.

No jurar por el arroyo manso,
ni por el bosque
que cuida tu sueño y tus días.

Ni por la voz de las tormentas.

Ni por el silencio del llano.

Juro mi amor y me callas.

No jurar, me decías, y juraste
tu propio amor
antes de que la flor galana abriera su capullo.


Y ahora 
voy dichoso en el alba dichosa,
ebrio de juramentos.